Culiacán, Sinaloa.- Hoy, en el Día del Abuelo, compartimos la historia de Rosario Beltrán Zazueta, una mujer de 88 años cuya vida es un ejemplo de fortaleza, amor y dedicación familiar.
Rosario es madre de 12 hijos, pero su legado va mucho más allá: tiene 39 nietos y 21 bisnietos que llenan de alegría su hogar y su corazón.
Su infancia no fue fácil; desde los 10 años asumió responsabilidades en el hogar para cuidar de sus cuatro hermanos, mientras sus padres trabajaban en su panadería.
Rosario, con gran determinación, buscó equilibrar la carga familiar, sacrificando parte de su infancia para que sus padres pudieran trabajar juntos.
”Y yo cuidé a mis hermanos ya después ya de todo, yo les lavaba, les planchaba, hacía comida, a todos los cuidaba yo a mis hermanos. Yo quiero mucho a mi mamá entonces yo quiero que me hagas el favor de no regañarla, pero si ella se va a dedicar a usted nomás, yo me voy a echar el cargo de mis hermanitos y de todo el negocio, aparte lo que yo quiera hacer de venta lo voy a hacer”.
Ya adulta, construyó su propia familia junto a Filemón López, enfrentando la difícil realidad de 12 abortos, pues tuvo 24 embarazos: 12 perdidas y 12 se convirtieron en hijos que hoy dice, son su orgullo.
Para mantener a su familia, Rosario no solo cuidaba de sus hijos, sino que también cocinaba para vender y aportar a la economía del hogar.
A lo largo de su vida, ha enfrentado grandes desafíos de salud. Hace 12 años sufrió su primer derrame cerebral y, desde entonces, ha tenido cuatro en total.
”Me pegó el primero y yo no supe de mí nunca, me pegó otro el segundo y ahí sí como que conocía a la gente, pero en realidad no, no conocía bien y de ahí me volvió a dar otro, en ninguno me acuerdo, yo me acuerdo que vivía con mi hijo en Culiacán, yo sentía mucha taranta, como que se me borraban así las personas”.
A pesar de esto, mantiene una salud sorprendente, sigue activa y disfruta de colaborar en las labores del hogar dentro de sus posibilidades.
Para ella, mantenerse ocupada y sentirse útil es un verdadero regalo.
”Yo lavo y puedo guisar y puedo hacer lo que tú me mandes, yo puedo hacerlo”.
Rosario recuerda con nostalgia a su esposo, Filemón López, con quien compartió gran parte de su vida y formó a su numerosa familia.
La partida de su compañero de vida fue uno de los momentos más difíciles que le ha tocado enfrentar, pues no solo perdió a su esposo, sino a su confidente y apoyo emocional.
”Es bonito vivir la gente todavía, pero se te mueren las personas de tu familia y te puede muchísimo y se muere el marido pues también, de ahí para acá que se murió él, cambió mi vida”.
Ver crecer a sus nietos y bisnietos dice Rosario, es su mayor satisfacción, su deseo es seguir acompañándolos, demostrando que la fuerza de un abuelo no se mide en años, sino en amor, entrega y resiliencia.
”Me da gusto a mí de llegar a tener mis años ya porque me alegro porque tengo muchos nietos, muchos hijos, hermanos y todo, los quiero mucho a todos y que Dios me los cuide y me los llene de bendiciones”.
Hoy, Rosario Beltrán Zazueta nos recuerda que los abuelos son la memoria, el corazón y la guía de nuestras familias, un tesoro que merece celebrarse cada día.