Garantizar la mejora de las condiciones laborales de las mujeres en el deporte requiere cambios estructurales profundos.
En apariencia, el deporte femenino avanza hacia la igualdad salarial a un ritmo veloz. De acuerdo con un informe de la BBC de 2021, el 90 % de los deportes ya ofrecen premios en dinero iguales en sus campeonatos más importantes, y los estadios repletos en partidos femeninos de fútbol, tenis o críquet se han vuelto habituales. Sin embargo, el camino hacia la igualdad no está libre de obstáculos.
“El deporte sale bastante mal parado en comparación con otros sectores cuando se trata de igualdad salarial y de condiciones”, señala a DW Lombe Mwambwa, directora ejecutiva interina del Observatorio Global para Igualdad de Género y Deporte.
Aunque existen pocos datos específicos sobre el deporte, la opinión general es que las futbolistas de élite ganan entre un 15 % y un 25 % de lo que perciben sus homólogos masculinos. Si bien hay excepciones como el tenis, que avanza hacia la igualdad de premios en metálico para hombres y mujeres en todos los torneos, las diferencias siguen siendo significativas en la mayoría de los deportes de élite.
Las causas son casi tan numerosas como los deportes mismos: la prohibición histórica de la práctica deportiva femenina en muchos países, la falta de voluntad para invertir en ella, la ausencia de trayectorias profesionales y de prestaciones por maternidad y, quizá lo más persistente, la idea de que el deporte pertenece a los hombres y que solo los deportes masculinos despiertan interés comercial.
Salarios mínimos y cambios estructurales
Alex Culvin, exfutbolista que ahora trabaja para la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), señala que comparar los salarios de los que más ganan en este deporte perjudica el argumento de la igualdad salarial, ya que solo se considera una parte incompleta y distorsionada del panorama general.
“Creo que el 5 % de los futbolistas mejor pagados realmente inflan el mercado. Si eres un jugador de una liga inferior, no ganas esos 400.000 euros a la semana, probablemente ganes 4.000 euros a la semana. Y algunas jugadoras ganan eso”.
Culvin aboga, en cambio, por los salarios mínimos en el fútbol femenino y por un enfoque más orgánico del crecimiento. En las principales ligas de Estados Unidos, Reino Unido y España, ya hay convenios colectivos que ofrecen esta remuneración mínima. Cabe destacar, también, la lucha exitosa emprendida por las futbolistas para obtener derechos de maternidad, aunque todavía limitados, en 2024.
“Creo que lo más inteligente, desde el punto de vista empresarial, es invertir en el equipo femenino y proporcionarles un entorno en el que puedan prosperar. Los ingresos llegarán al fútbol y, como consecuencia, los salarios aumentarán”, añade Culvin.
Para Mwambwa, los cambios estructurales son fundamentales.
“Sabemos que las mujeres constituyen gran parte de la fuerza laboral en el deporte que es voluntaria, mal remunerada o no reconocida como trabajo. En muchos casos, durante largo tiempo, las mujeres han trabajado incluso como entrenadoras, árbitras y ocupando otros roles, pero han carecido de oportunidades para avanzar debido a diversas barreras, como los costos o la falta de cursos”.
Con información de DW





