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Un mun­do sin ar­mas nu­clea­res ¿sue­ño im­po­si­ble?

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El 6 de agos­to de 1945, el mun­do cam­bió. El re­loj mar­ca­ba las 8:15 de la ma­ña­na cuan­do el Bom­bar­de­ro B-29 arro­jó so­bre la ciu­dad ja­po­ne­sa de Hi­ros­hi­ma a “Little Boy”, nom­bre de esa bom­ba ató­mi­ca de Ura­nio-235 crea­da se­cre­ta­men­te por el pro­yec­to Man­hat­tan.

Al ins­tan­te, más de cien mil per­so­nas fa­lle­cie­ron, mi­les más re­sul­ta­ron con que­ma­du­ras en di­fe­ren­tes par­tes del cuer­po; los que no fue­ron in­mo­la­dos al ins­tan­te, pa­de­cie­ron a me­diano y lar­go pla­zo las con­se­cuen­cias de la ex­po­si­ción a la ra­dia­ción. La ciu­dad, su po­bla­ción, sus es­truc­tu­ras, su his­to­ria, todo fue ani­qui­la­do bajo el hon­go ató­mi­co.

Tres días des­pués, la otra bom­ba: “Fat Man”, arra­sa­ba con la ciu­dad ja­po­ne­sa de Na­ga­sa­ki.

A 75 años de la ex­plo­sión de las bom­bas ató­mi­cas so­bre las ciu­da­des ja­po­ne­sas, el Día In­ter­na­cio­nal para la Eli­mi­na­ción To­tal de las Ar­mas Nu­clea­res (26 de sep­tiem­bre) bus­ca ge­ne­rar con­cien­cia so­bre la ame­na­za que su­po­ne para la hu­ma­ni­dad es­tas ar­mas y la ne­ce­si­dad de su eli­mi­na­ción.

¿Será po­si­ble lo­grar la prohi­bi­ción de la po­se­sión, desa­rro­llo, pro­duc­ción, ad­qui­si­ción, en­sa­yo, al­ma­ce­na­mien­to, trans­fe­ren­cia, uso o la ame­na­za de uso de ar­mas nu­clea­res?

Los nueve estados con más armas nucleares: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), poseían en conjunto un estimado de 13 400 armas nucleares al comienzo de 2020.  

Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, 2020

Antecedentes

En las ar­mas nu­clea­res se uti­li­za la ener­gía pro­ve­nien­te tan­to de la fi­sión como de la fu­sión nu­clear. Los nú­cleos ató­mi­cos li­be­ran ener­gía cuan­do se “rom­pen” nú­cleos pe­sa­dos de isó­to­pos como el Ura­nio-235, así como al unir nú­cleos li­ge­ros de deute­rio o tri­tio, co­men­ta el doc­tor Ju­lio He­rre­ra Ve­láz­quez, in­ves­ti­ga­dor del Ins­ti­tu­to de Cien­cias Nu­clea­res de la UNAM.

¿Qué mo­ti­va la crea­ción no solo de más ar­mas nu­clea­res, sino de vol­ver­las más le­ta­les y con un ma­yor al­can­ce? 

El ex­per­to en fu­sión nu­clear co­men­ta que du­ran­te la Gue­rra Fría, la ca­rre­ra ar­ma­men­tis­ta es­tu­vo con­di­cio­na­da por la pre­sión na­cio­nal en­tre gru­pos opo­si­to­res, el de­seo de de­mos­trar po­der fren­te a otras na­cio­nes, el efec­to psi­co­ló­gi­co que ejer­cía la te­nen­cia y desa­rro­llo de ellas, así como el te­mor de la des­truc­ción mu­tua.

Du­ran­te los años 50 y 60, se rea­li­za­ron una gran can­ti­dad de en­sa­yos nu­clea­res te­rres­tres, at­mos­fé­ri­cos, sub­te­rrá­neos y sub­ma­ri­nos, ge­ne­ran­do gra­ves efec­tos con­ta­mi­nan­tes por ra­dio­ac­ti­vi­dad en el pla­ne­ta.

El ma­yor im­pac­to en la his­to­ria fue oca­sio­na­do por la bom­ba Tsar de Ru­sia en 1961, que cau­só una ex­plo­sión de 50 me­ga­to­nes, el equi­va­len­te a 50 mi­llo­nes de to­ne­la­das de Tri­ni­tro­to­lueno (TNT) que se de­tec­tó en sis­mó­gra­fos de di­fe­ren­tes par­tes del mun­do.

Los efec­tos de las prue­bas nu­clea­res so­bre el pla­ne­ta, jun­to al ma­yor es­tu­dio de los efec­tos de la ra­dia­ción a cor­to, me­diano y lar­go pla­zo, su­ma­dos a la con­cien­cia cada vez ma­yor de las im­pli­ca­cio­nes ne­ga­ti­vas del uso de la ener­gía nu­clear con fi­nes bé­li­cos, el ago­ta­mien­to de re­cur­sos fi­nan­cie­ros, así como la bús­que­da por una li­mi­tan­te en el desa­rro­llo de es­tas ar­mas lle­vó a la fir­ma de el Tra­ta­do de No Pro­li­fe­ra­ción Nu­clear, hace 50 años, y el Tra­ta­do so­bre la Prohi­bi­ción de las Ar­mas Nu­clea­res.

Efectos de las armas nucleares 

Las bom­bas usa­das en las ciu­da­des ja­po­ne­sas de Hi­ros­hi­ma y Na­ga­sa­ki fun­cio­na­ban me­dian­te el prin­ci­pio de fi­sión nu­clear.

Con­sis­te en el “rom­pi­mien­to” de un áto­mo pe­sa­do, li­be­ran­do ener­gía y ge­ne­ran­do neu­tro­nes y áto­mos con nú­cleos me­dios.

La bom­ba usa­da en Hi­ros­hi­ma era de Ura­nio 235 y al rom­per­se, li­be­ró ener­gía, áto­mos de Ba56 y Kr 36, ade­más de neu­tro­nes, los cua­les im­pac­ta­ban en otros nú­cleos de Ura­nio, ge­ne­ran­do una reac­ción en ca­de­na.

De­bi­do a que la ener­gía li­be­ra­da en la fu­sión nu­clear es ma­yor que la ge­ne­ra­da por la fi­sión nu­clear, las bom­bas H tie­nen un po­der des­truc­ti­vo ma­yor.

Ade­más de los efec­tos mor­ta­les, se han do­cu­men­ta­do se­cue­las en so­bre­vi­vien­tes a cor­to y lar­go pla­zo:

Efectos inmediatos  
  • Ex­plo­sio­nes.
  • Onda tér­mi­ca.
  • Ex­po­si­ción a la ra­dia­ción ins­tan­tá­nea (ra­yos gam­ma y neu­tro­nes). En do­sis re­la­ti­va­men­te ba­jas daña la mé­du­la ósea. En do­sis más al­tas, pro­du­ce le­sio­nes en el apa­ra­to gas­tro­in­tes­ti­nal y en do­sis muy al­tas en el ce­re­bro.
  • Ex­ce­so de pre­sión ge­ne­ran­do la des­truc­ción y des­plo­me de edi­fi­cios.
  • Los im­pul­sos elec­tro­mag­né­ti­cos da­ñan los dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos, in­clui­dos los ne­ce­sa­rios en los ser­vi­cios de sa­lud.
  • La des­truc­ción y el de­te­rio­ro de los ser­vi­cios de sa­lud afec­tan el tra­ta­mien­to de las víc­ti­mas.
  • Daño en los su­mi­nis­tros de ener­gía eléc­tri­ca y otros ser­vi­cios esen­cia­les.
Efectos intermedios y a largo plazo 
  • He­ri­das de que­ma­du­ras e in­fec­cio­nes gas­tro­in­tes­ti­na­les.
  • Daño en el sis­te­ma in­mu­ni­ta­rio con­se­cuen­cia de la so­bre­ex­po­si­ción a las ra­dia­cio­nes. Las ra­dia­cio­nes io­ni­zan­tes re­du­cen el nú­me­ro de lin­fo­ci­tos T au­xi­lia­res y au­men­tan los lin­fo­ci­tos T su­pre­so­res, con lo cual es ma­yor la vul­ne­ra­bi­li­dad de las víc­ti­mas a las in­fec­cio­nes y cán­ce­res.
  • Ries­go en el au­men­to de las le­sio­nes ge­né­ti­cas en la des­cen­den­cia de los so­bre­vi­vien­tes.
  • Tras­tor­nos del com­por­ta­mien­to y psi­co­ló­gi­cos.

El 14 de febrero de 1967 se firmó en la Ciudad de México el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, mejor conocido como el Tratado de Tlatelolco. En él se expresa el rechazo de toda una región geográfica a las armas nucleares. A la fecha son 33 Estados de América Latina y el Caribe los que han firmado y ratificado este Tratado. 

¿Hacia la eliminación total de las armas nucleares?  

Aun­que exis­ten tra­ta­dos y re­gu­la­cio­nes in­ter­na­cio­na­les so­bre el uso de la ener­gía ató­mi­ca con fi­nes bé­li­cos, el doc­tor He­rre­ra Ve­láz­quez opi­na que la eli­mi­na­ción to­tal de es­tas ar­mas es un sue­ño im­po­si­ble, pero por el que no de­be­mos de­jar de lu­char.

“Lo im­por­tan­te es con­cien­ti­zar a la gen­te de que si bien, po­de­mos te­ner usos pa­cí­fi­cos de la ener­gía nu­clear, te­ner ar­mas nu­clea­res es algo éti­ca­men­te inacep­ta­ble, so­bre todo cuan­do su pro­pó­si­to no es des­truir in­fra­es­truc­tu­ra, sino des­truir po­bla­cio­nes ci­vi­les; ellos nun­ca de­ben ser in­vo­lu­cra­dos en los con­flic­tos mi­li­ta­res”.

El ex­per­to aler­ta que en tan­to si­gan exis­tien­do ar­mas nu­clea­res nun­ca es­ta­re­mos exen­tos del pe­li­gro de que sean usa­das, por lo que es im­por­tan­te con­cien­ti­zar a los pue­blos y a los go­bier­nos de su po­der des­truc­ti­vo.

Ade­más es im­por­tan­te in­sis­tir en la vi­gen­cia y ra­ti­fi­ca­ción por los paí­ses en torno a los di­fe­ren­tes tra­ta­dos nu­clea­res, pues ex­pli­ca, exis­ten gra­ves con­se­cuen­cias y ries­gos en que paí­ses como Es­ta­dos Uni­dos no los ra­ti­fi­quen y aban­do­nen, pues alien­ta a que otros paí­ses que tie­nen me­nor ca­pa­ci­dad nu­clear tam­po­co lo ha­gan.

El más re­cien­te gran re­vés en la bús­que­da de la dis­mi­nu­ción en el nú­me­ro de ar­mas nu­clea­res es­tra­té­gi­cas, es de­cir, aque­llas que se usan solo con­tra in­fra­es­truc­tu­ra y no en ba­ta­lla, ocu­rrió en 2019 du­ran­te la ne­go­cia­ción del Tra­ta­do de Me­di­das para la Re­duc­ción y Li­mi­ta­ción de Ar­mas Es­tra­té­gi­cas Ofen­si­vas (Nue­vo START).

Ru­sia y Es­ta­dos Uni­dos, los paí­ses que po­seen en con­jun­to más del 90% de las ar­mas nu­clea­res mun­dia­les, aún se en­cuen­tran rea­cios a ne­go­ciar el Tra­ta­do; lo que ha dado pie a es­pe­cu­la­cio­nes so­bre las ac­ti­vi­da­des no de­cla­ra­das de am­bas na­cio­nes so­bre este tema.

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