A veces necesitamos una recarga de energía, y un apapacho bien dado puede hacerlo todo. El mundo sería tan diferente si nos regaláramos más abrazos llenos de cariño. Necesitamos demostrar más empatía y menos indiferencia; no cambiar el mundo, sino mostrar con hechos lo que sentimos.
Cuando miramos con los ojos del corazón, nos damos cuenta de que todo cambia. Pero también es necesario que tú mismo te apapaches.
En este momento, abrázate tan fuerte que puedas sentir el latido de tu corazón. Abrázate con tanta fuerza que deshagas tus dudas y tus miedos; con tanta fuerza que salgas de ese sitio equivocado, que ya nada te detenga, que recuerdes que la vida es un parpadeo y se esfuma en un segundo.
Abrázate con tanta fuerza que resuciten tu fe, tu valor y tus capacidades; lo que vale la pena, lo que te impulsa, lo que te inspira, lo que te permite conservar tu esencia y recuperar tu paz.
Abrázate con tanta fuerza que recuerdes que mereces amarte, escucharte, perdonarte y tratarte bien; que sientas cómo vas floreciendo. Mucha gente no lo sabe, pero en los abrazos están escondidas las palabras más bellas del mundo: un “estoy aquí”, un “no te preocupes”, un “todo pasa”.
Así que abraza, abraza muy fuerte, porque sin saberlo estás diciendo cosas muy bonitas.





