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Del Janal Pixán al Xantolo: las múltiples caras del Día de Muertos en México

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Del Janal Pixán al Xantolo: las múltiples caras del Día de Muertos en México


 

Cada noviembre llega el día de muertos, México se cubre de flores, aromas y recuerdos para celebrar el vínculo que une a los vivos con sus muertos. Desde el amanecer hasta la madrugada, los pueblos y ciudades se transforman en escenarios de luz donde la memoria se hace presente. Entre rezos, música y ofrendas, las familias honran a quienes partieron, reafirmando que la muerte no es ausencia, sino presencia constante. Es la noche en que el país entero abre sus puertas al pasado y convierte el duelo en una forma luminosa de amar.

Cada primero y 2 de noviembre, cuando el aire se llena de incienso, cuando el cempasúchil pinta de naranja y morado los caminos y el pan de muerto perfuma las casas, México entero abre sus puertas a la muerte. No para temerle, sino para recibirla como a una vieja amiga. Desde el sur hasta la frontera norte, cada estado le da su propio rostro, su propio sabor y su propia canción.

En Yucatán, se realiza el Janal Pixán, la comida de las almas. El aroma del pib —ese tamal cocido bajo tierra— se mezcla con el humo del copal, llenando el aire de memoria y tradición. Mérida se ilumina con el Paseo de las Ánimas mientras las familias colocan frutas, dulces y retratos sobre los altares.

En Oaxaca, la muerte tiene rostro de fiesta. Las comparsas bailan entre flores y velas, pero detrás del color late una nostalgia dulce. Las familias pasan la noche junto a las tumbas, hablando con los ausentes. Allí, la muerte no es final: es un abrazo.

En Chiapas, las familias tsotsiles y zoques preparan las tumbas con hojas de pino, colocan velas, cruces de madera y comida caliente, porque saben que las almas tienen hambre de hogar. Angélica Altuzar Constantino, directora general para las Culturas y las Artes de Chiapas nos habla acerca de la comida tradicional que acompaña al Día de Muertos en distintas regiones del estado.

“Que de región a región cambian la comida. Lo que es constante es, por ejemplo, los dulces tradicionales, los higos, la calabaza, las frutas tradicionales de temporada. Aquí es, por ejemplo, el jocote, las mandarinas, pero hay unas regiones, los altos donde te ponen, por ejemplo, el caldo de rata.

Esta rata de campo o de monte, es un animalito saludable porque come semillas Y entonces la human y la preparan y hacen un caldo que curiosamente nos dicen que es levanta muertos.”

En Coahuila, la soledad del desierto se enciende con miles de luces. El Festival de las Ánimas viste a Saltillo de flores y altares, mientras los panteones se llenan de murmullos, canciones y fotografías que parecen sonreír.

En Guanajuato, las callejoneadas se entrelazan con la tradición. La subterránea de la ciudad se convierte en sede de eventos gastronómicos y artísticos.

Y en Guadalajara, la tradición adquiere un tono contemporáneo: desfiles, altares urbanos y recorridos por panteones iluminados mantienen viva la celebración.

En la Huasteca Queretana, el Xantolo transforma los pueblos en mosaicos de música y flores. En Tolimán, las familias colocan ofrendas y degustan la comida tradicional, así detalla Martha Daniela Salgado, secretaria de Cultura de Querétaro.

“En Tolimán tenemos capillas oratorio que esas capillas están en las viviendas de las familias. Cada una de estas capillas hacen una ofrenda y esa ofrenda pues es muy diferente en cada casa de acuerdo a los gustos de sus difuntos.
Lo que hace que puedas hacer un circuito de varias capillas, ver diferentes ofrendas, eh vivir este ritual, esta danza, esta música que le ponen en honor a los difuntos y que puedas comer y degustar la comida tradicional de esa región.”

En Chihuahua y Sonora, la celebración es íntima. Las familias limpian las tumbas, dejan flores y comida, y se quedan un momento en silencio. No hace falta decir mucho: una vela encendida basta para guiar el alma de regreso.

En Tijuana, la frontera recuerda a sus muertos con altares y arte. El Mercado Hidalgo se llena de pan de muerto, veladoras y fotografías que miran al norte, como si esperaran el regreso de alguien. En esa mezcla de culturas, la muerte también cruza fronteras.

En cada rincón del país, el Día de Muertos une pasado y presente: un México que recuerda, baila y celebra que la vida nunca se apaga. Porque cada flor encendida, cada pan sobre el altar y cada nombre pronunciado es una forma de decir: “No te has ido. Sigues aquí.”


Con información de Imer

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