
Nuevas evidencias anatómicas
Mientras que investigaciones anteriores se centraron principalmente en el cráneo, el nuevo trabajo analizó el cúbito (antebrazo) y el fémur. Mediante técnicas avanzadas y comparaciones con otras especies, como el Australopithecus, los científicos llegaron a sus conclusiones.
El Australopithecus es conocido por el hallazgo del esqueleto de Lucy, un fósil de entre 4 y 2 millones de años descubierto en Etiopía en 1974.
Rasgos clave del bipedismo
El estudio identificó un punto de unión del ligamento iliofemoral, que conecta la pelvis con el fémur, una característica propia de los homínidos y esencial para caminar erguido.
También se detectó una torsión femoral específica de los homínidos, que orienta las piernas hacia delante y facilita la marcha, así como músculos glúteos similares a los de los primeros homínidos, responsables de estabilizar las caderas y permitir mantenerse de pie, caminar y correr.
Además, S. tchadensis tenía un fémur relativamente largo en comparación con el cúbito, otro indicio a favor del bipedismo.
Proporciones corporales reveladoras
Los simios presentan brazos largos y piernas cortas, mientras que los homínidos tienen piernas relativamente más largas. Aunque las piernas de S. tchadensis eran mucho más cortas que las de los humanos modernos, diferían de las de los simios y se acercaban más a las de Lucy en proporción, lo que refuerza la hipótesis del bipedismo.
“Estamos ante pruebas contundentes de que S. tchadensis podía caminar sobre dos piernas, lo que demuestra que el bipedismo evolucionó tempranamente en nuestro linaje y a partir de un antepasado muy similar a los chimpancés y bonobos actuales”, agrega Williams, en un comunicado de la Universidad de Nueva York.

Un debate abierto
Para Josep Maria Potau, investigador de la Universidad de Barcelona que no participó en el estudio, se trata de la demostración de bipedismo
“más antigua que se conoce, situándose muy cerca de la división evolutiva en las dos líneas que dieron lugar a los chimpancés y a los humanos”.
No obstante, José-Miguel Carretero, director del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos, considera que el debate sigue abierto, ya que los restos disponibles no son lo suficientemente concluyentes:
“Si los mismos fósiles sirven para decir una cosa y la contraria, es que seguramente son insuficientes”, concluye.





