Con la decisión del Premio Nobel de la Paz de 2022 se envía un mensaje a la opinión pública en Rusia, Bielorrusia y Ucrania; es más, a todo el mundo: distinguimos a aquellos que, en Europa del Este, tienen el coraje de nombrar por su nombre los crímenes monstruosos del régimen de Vladimir Putin. Distinguimos a aquellos que están dispuestos a sufrir en aras de la verdad, a arriesgar sus vidas, a ser encarcelados.
El prestigioso galardón le dolerá a Putin, porque entrará en los libros de historia. El tirano de Rusia y su propaganda estatal podrán ocultarlo, polemizar en su contra y criticarlo cuanto quieran. Sin embargo, no podrán borrar esta decisión buena y sabia del Comité del Premio Nobel de la Paz.
Crímenes preparados sistemáticamente
Los crímenes perpetrados por Putin no cayeron del cielo: ni la guerra de invasión en Ucrania ni la persecución de la oposición en Rusia y Bielorrusia. Putin los ha preparado sistemáticamente durante años.
En Bielorrusia, Ales Bialiatski, uno de los tres Premios Nobel de la Paz, los comenzó a llamar por su nombre hace tiempo. Por ejemplo, el intento de Moscú de destruir la soberanía bielorrusa. Desde hace décadas lucha en defensa del idioma y la cultura bielorrusos, algo que provoca la indignación de Moscú.
Varias veces el autonombrado presidente Lukashenko lo mandó encarcelar, supuestamente por delitos fiscales. Las acusaciones siempre habían sido inventadas. En realidad, Bialiatski fue castigado por documentar cómo las fuerzas de seguridad de su país torturan y encarcelan a los opositores. Intercedió a favor de manifestantes que alzaron la voz en contra de las elecciones fraudulentas, y, en 2021, nuevamente fue condenado a prisión. El Premio Nobel de la Paz se encargará de llamar la atención sobre su destino y el de su patria.
También el Centro de Libertades Civiles, de Ucrania, se dedica a documentar crímenes. En tiempos recientes, la organización se ha destacado por documentar los crímenes de las tropas invasoras rusas en Ucrania. Tiene la esperanza de que los abusos no queden impunes. Para ello, es necesario asegurar pruebas, nombrar a las víctimas. Ya en el pasado, el Centro había abogado porque Kiev se orientara hacia Europa y por fortalecer a la sociedad civil ucraniana.





