Los Seattle Seahawks se proclamaron campeones del Super Bowl LX tras imponerse con autoridad 29-13 a los New England Patriots, en un duelo donde la defensa y el control del juego marcaron la diferencia.
Desde el primer cuarto, Seattle dejó claro que no cedería terreno. Su defensiva presionó constantemente al mariscal rival, cerró los espacios por tierra y provocó errores clave que cortaron cualquier intento de reacción de los Patriots. La primera mitad transcurrió con claro dominio de los Halcones Marinos, que se fueron al descanso con ventaja gracias a su eficacia y solidez en ambos lados del balón.
En el complemento, la ofensiva de Seattle encontró mayor ritmo, combinando ataques terrestres contundentes con pases precisos que desgastaron a la defensa rival. Una intercepción devuelta hasta las diagonales terminó por inclinar definitivamente la balanza, desatando la euforia de los aficionados vestidos de azul y verde.
🔑 Claves de la victoria
Defensa impenetrable: Seattle neutralizó a los Patriots durante gran parte del encuentro, logrando capturas, pérdidas de balón y manteniendo bajo control su ofensiva.
Dominio del reloj: Los Seahawks manejaron mejor la posesión, con series largas que enfriaron el juego y evitaron que New England entrara en ritmo.
Eficiencia ofensiva: Sin cometer errores, Seattle capitalizó cada oportunidad en puntos, marcando diferencia en momentos clave.
Mentalidad campeona: En los instantes decisivos, los Halcones Marinos mostraron carácter, experiencia y contundencia.
Con esta victoria, Seattle suma un nuevo título de Super Bowl a su historia y confirma su regreso a la élite de la NFL, firmando una actuación memorable que quedará marcada como una de las más sólidas en la gran final.




