Culiacán, Sin.- Febrero ya está en marcha. Atrás quedaron la rosca de Reyes, los tamales del 2 de febrero y las reuniones que marcaron el inicio del año. Con ellas, también comienzan a olvidarse algunos de los propósitos más repetidos cada enero: iniciar una dieta, hacer ejercicio y llevar un estilo de vida más saludable.
Y es que, aunque muchas personas arrancan el año con toda la motivación, conforme pasan las semanas esa energía inicial suele disminuir hasta que el propósito queda en pausa.
En Radio Sinaloa conversamos con la nutrióloga Aleida Bernal Figueroa, quien explicó que uno de los principales motivos por los que las personas no logran mantener una alimentación saludable es que establecen metas poco realistas o cambios demasiado drásticos en poco tiempo.
“Las razones más frecuentes que están documentadas en diversos estudios, son expectativas poco realistas, es decir, metas, muy estrictas o cambios radicales que no se sostienen en el tiempo, la falta de preparación y hábitos, cambios no incorporados como hábitos diarios, ambientes obesogénicos, alta disponibilidad de alimentos que son ultraprocesados, el estrés y la falta de tiempo, los factores emocionales, comer por estrés, ansiedad o aburrimiento y la falta de educación nutricional, como por ejemplo la lectura de etiquetas al momento de elegir en tiendas o en restaurantes”.
La especialista recomendó tomar algunos hábitos para cumplir con este propósito como establecer objetivos alcanzables y realizar cambios graduales en la alimentación.
“Una alimentación saludable, sostenida, implica planificación realista, es decir, organizar comidas y snacks que sean equilibrados, según objetivos y horarios, variedad de alimentos que incluyan vegetales, frutas, proteínas, granos enteros y grasas saludables para asegurar microonutrientes y energía, considerar hábitos consistentes en cuanto a mantener horarios regulares y porciones adecuadas, una nutrición flexible para poder ajustarse a cambios sociales, sin perder calidad en la alimentación”.
La nutrióloga recordó que mantener buenos hábitos durante todo el año no depende de la motivación momentánea, sino de disciplina y organización.
Porque al final, los propósitos no se cumplen de golpe: se construyen paso a paso, decisión tras decisión, hasta convertirse en parte de nuestra rutina diaria.





