Culiacán, Sin.- En México, cada noviembre, el país entero se llena de flores, velas y recuerdos, pero en cada rincón del territorio esta tradición toma una forma distinta.
En el norte, entre los pueblos yoremes de Sinaloa, el Día de Muertos tiene un significado profundo y lleno de simbolismo.
En entrevista para Radio Sinaloa, Yahir Emmanuel Padilla Aceves quien ha hecho trabajo de campo en este tema, explicó que los yoremes realizan una ceremonia llamada responso, algo que comúnmente conocemos como velar a un difunto.
El altar yoreme, conocido como tapanco, se diferencia del tradicional altar de muertos. Tiene un solo nivel y tres arcos de palma, adornado con flores de gladiola, pompones y cadenas de colores.
En el centro se coloca una cruz, símbolo del camino que recorren los espíritus al descender “desde lo más alto”, pues, según la creencia, los muertos no tocan el suelo, pero sí alcanzan los recuerdos de quienes los aman.
“Ellos ya no levantan como una forma de ataúd, lo que hacen ellos es hacer el altar, pero el altar no es como los tres niveles, ni los siete niveles eso que viene del centro de la república mexicana y que nosotros aquí adoptamos pues que está bien porque es cultura mexicana, pero ellos aquí en Sinaloa lo hacen a través de un tapanco que significa como mesita o altar, porque ellos tienen su propia cosmogonía, ellos por ejemplo jamás van a poner cosas en el piso de las que le gustaban al finado, ellos lo interpretan como eso, el tapanco tiene que estar elevado y lo primero que le ponen siempre es el agua y velas, el agua porque llegan cansados y tienen sed y las velas porque es la luz del camino”.
Durante la velación se entrelazan rezos, cantos, música y danza, especialmente las emblemáticas del venado y del pascola, expresiones que simbolizan el vínculo entre la tierra y el espíritu.
En estos rituales participan también madrinas y padrinos, personas cercanas al difunto que se encargan de organizar el altar, preparar la comida y coordinar los rezos y bailes.
Yahir Padilla explica que, a diferencia de otras despedidas, en el responso no hay llanto, sino gratitud: el alma del difunto es despedida con alegría, acompañada de cantos como una forma de mantener viva la herencia de sus ancestros.
“Todo lo que ofreció durante en vida en la tradición, porque la gente ya se entrega toda su vida para las tradiciones de ellos por ejemplo la Semana Santa, o sea ellos viven pensando en que ya va a llegar la Semana Santa, si tienen una manda que cumplirle a la virgen de Guadalupe, hay gente por ejemplo que le cumple mandas a la virgen de Guadalupe toda su vida”.
Cuando el sol asoma en el horizonte, los danzantes y músicos los llamados fiesteros levantan el ataúd, pues el amanecer simboliza el renacer.
El ciclo de la vida continúa y, con él, la certeza de que cada año los espíritus regresan para reencontrarse con los suyos.
“Por ejemplo, ya durante toda la noche se van cantando rezos y letanías, de acuerdo a cómo el alma se va despidiendo para que pueda elevarse y al final cuando llega el sol de nuevo ellos cantan alabanzas al sol y es bien curioso lo que me dice el maestro, me dijo que ya va a cantar el gallo, ya es hora de levantar el cuerpo, cuando el Alba regresa o sea la vida, para ellos la muerte no es solamente, para ellos inicia otra vida”.
Así, entre el sonido de los tambores y el murmullo de las oraciones, los yoremes recuerdan que la muerte no significa ausencia, sino una nueva forma de presencia, un puente eterno entre la tierra y el cielo.





